Editoriales

El servicio rutinario de la Guardia Civil

El 19 de febrero de este año, a las 4,30 de una fría madrugada, un coche cayó al río cerca de Loja( Granada). El conductor quedó atrapado en su interior y veía con pavor cómo el agua iba cubriéndole poco a poco mientras pedía socorro desesperado. Una patrulla de la Guardia Civil oyó sus gritos y acudió en su ayuda. Sus dos componentes hubieron de tirarse al río y, ante la imposibilidad de liberarle, permanecer en él durante cuarenta minutos para mantener  la cabeza del accidentado fuera del agua hasta que llegaron los bomberos, que ellos mismos habían llamado.

El 22 de febrero, cerca de Villarrubia (Córdoba), una madre desesperada acude a una pareja de Tráfico porque su niño de 18 meses está inconsciente y no puede respirar. Los guardias le ponen una boquilla de las que se usan para los controles de alcoholemia, le hacen maniobras de recuperación y lo trasladan con urgencia al hospital al que previamente han avisado. Una vez entregado el niño a los sanitarios continuaron su servicio. Luego supieron que el niño se había restablecido.

El 8 de marzo una pareja de Tráfico es requerida en la A-1, cerca de Madrid, por un conductor a cuya esposa se le había adelantado el parto camino del hospital. Uno de los guardias la asiste siguiendo las indicaciones que el otro va recibiendo por teléfono de la dotación de la ambulancia que han llamado. Cuando ésta llega el niño ha nacido. Lo primero que su cuerpecito ha tocado ha sido el chaquetón del uniforme que le ha recibido al abandonar el seno materno. Cuando todos marchan hacia el hospital la pareja es requerida para intervenir en un accidente y continúa su servicio.

El 16 de marzo una pareja de tráfico en Marchena(Sevilla) observa un vehículo fuera de la carretera con la luz destellante encendida. Al acercarse ven que se trata de una señora que tampoco llegaba a tiempo al hospital. Ayudan a dar a luz a la madre y, cuando la ambulancia los recoge, ellos continúan su servicio.

El 24 de abril una persona que paseaba a su perro a las 7,00 de la mañana llama al  Cuartel para denunciar llanto o quejidos procedentes de un contenedor de basura. La pareja, después de un cuidadoso vaciado para no dañar a la criatura, consigue recuperar a una niña de pocos días y ya casi sin señales de vida. La llevan ellos mismos al hospital, reanimándola en el trayecto con maniobras diversas hasta que el llanto de la criatura les alivia de su temor. Una vez en el hospital, ellos continúan su servicio para identificar a la madre, lo que consiguen en el mismo día.

Estos hechos ocurren diariamente. Tanto, que no se puede llegar al conocimiento de todos. Ninguno de ellos tendrá, probablemente, dimensión de hecho heroico. Todos la tienen de dedicación, afán de servicio, de sacrificio y, en definitiva, de una inmensa humanidad. Y, desde luego, todos ellos nos hablan de una presencia permanente.

El joven que paseaba a su perro podría haber llamado a otros pero llamó a la Guardia Civil porque sabía que estaría y  acudiría. Las parturientas no tuvieron tiempo de llamar a nadie, pero la Guardia Civil  estaba allí. El conductor que cayó al río a las cuatro de  una  madrugada de febrero gritaba al vacío y, probablemente, sin confianza. Pero la Guardia Civil lo oyó, porque estaba allí.

Y es esta labor callada, discreta y continua, sin alharaca ni desaliento, lo que encierra el verdadero mérito. La bendita rutina. Cualquier persona en una situación excepcional es capaz de una acción sublime de entrega y generosidad. Y ese acto heroico viene adornado por el halo épico y atractivo con el que se le rodea.   Pero no ocurre lo mismo con la entrega y dedicación  constante a la pequeña, quizás insignificante, tarea cotidiana. Y ahí está el verdadero valor, en el cumplimiento sistemático y anónimo de  la oscura, ingrata e incómoda obligación de cada día. Sencillamente, en lo que se llama el "cumplimiento del deber", lo que reviste aún más mérito en un país con natural inclinación a eludirlo.

El español fantasea con lo que no puede alcanzar y alardea de lo que haría si fuese lo que no es y, seguramente, nunca va a ser. Y toda esa energía, gastada en elucubraciones estériles, no la aplica a lo que realmente podría y debería hacer.

El guardia civil no se ilusiona con ser otra cosa, es  lo que quiere ser. Siendo leal a su credo profesional y actuando con modestia y disciplina, con puntualidad y esmero, tanto en el servicio sencillo como en el complejo, renuncia a su propio brillo en beneficio del de  su Institución. Y no pretende  otro honor que el que le otorga el pertenecer a un Cuerpo lleno de gloria y prestigio como es la Guardia Civil que, precisamente por ese comportamiento ejemplar de los hombres y mujeres que desde ella sirven a España, merece el respeto, el afecto y la admiración de los españoles.   

Los casos que ilustran este editorial son cuatro entre miles porque miles son las personas que han sentido en algún momento de necesidad el abrazo cálido, la mano fuerte, la palabra amable, la indicación precisa, la amonestación severa y correcta y, siempre, siempre, la presencia segura y reconfortante de los guardias civiles. Y luego siguen, sencillamente, como si no hubieran hecho nada importante, ajenos a que en su presencia sencilla y robusta, serena y firme  está la esencia misma de lo perdurable.

La Hermandad en Acción

Las actividades realizadas en torno a la festividad de nuestra Patrona, la Virgen del Pilar, en todas las Sedes de HABECU han sido variadas y numerosas. Unas han respondido a las características o circunstancias de cada Sede en particular y otras han tenido un carácter general, pero todas ellas han puesto de manifiesto el espíritu que las impulsa, que es el cariño a la Guardia Civil y la consideración a sus componentes, tanto en activo como en resera y retirados. Y de tal manera se han comprometido en ello  las diferentes Sedes que ha sido necesario hacer una  edición especial de nuestra revista , aumentando en dieciséis el número habitual de sus páginas, que pudieran aún ser insuficientes ( en cuyo caso se publicarían en la siguiente), para dar fe de los actos celebrados por HABECU en los diferentes puntos en que está implantada.

Se ha tratado de que, con carácter general, se celebre una jornada de homenaje a los retirados del Cuerpo, en los que se da una doble circunstancia, la de ser guardias civiles y la de ser mayores, figura esta a la que se concede especial atención en nuestros Estatutos. Esto se ha traducido en exhibiciones a ellos dedicadas y comidas con gran asistencia que les han acercado de nuevo a lo que durante tanto tiempo fue su vida y les han hecho sentirse recordados y reconocidos por tantos años dedicados  al servicio de España a través de la Guardia Civil.

Junto a ello, se han entregado nombramientos de Socios Honorarios, premios al mejor expediente académico, monumentos de homenaje a la Guardia Civil, se han recibido premios, etc. En fin, un gran número de actividades de las que este número de "La Hermandad" da cumplida cuenta.

 La Guardia Civil, por otra parte, ha querido que la Hermandad haya estado presente en sus actos organizados para la Patrona y así la hemos visto asistiendo y prestando su colaboración en las diferentes Unidades del Cuerpo, unas veces aportando su apoyo directo y otras mediando con entidades privadas para el mayor brillo de  las celebraciones. Asimismo, se percibe la favorable actitud hacia HABECU de las autoridades nacionales en las diversas fotografías en que aparecen junto a sus miembros.

Creemos que este es el camino. HABECU no tiene sentido por sí misma sino como herramienta al servicio de la Guardia Civil y el que esta cuente con nosotros para lo que desee o necesite es una señal  clara de que vamos bien, o, al menos, de que no vamos mal.

Se percibe la pujanza en la recién nacida Sede de Burgos, la consolidación en otras también jóvenes y, desde luego, la solera y la experiencia en las más veteranas. Si conseguimos el entendimiento fluido entre todas, como partes de un cuerpo único, y la coordinación en lo que en común tienen, que no es poco, La Hermandad se fortalecerá y se perfeccionará como instrumento de utilidad creciente para nuestra Guardia Civil.

No dejamos de lamentar el aislamiento de muchos hermanos de HABECU que, por no estar adscritos a ninguna Sede (por lejanía o dispersión), no pueden participar en las actividades que estas llevan a cabo ni disfrutar de la cercanía, la camaradería y el apoyo de otros miembros de La Hermandad. Esta, a su vez, se ve privada de las iniciativas con que estos hermanos podrían enriquecerla, así como de la labor de captación de simpatizantes de la Guardia Civil que podrían encontrar en HABECU el camino por el encauzar su afecto al Cuerpo y  su deseo de colaborar con él.

Nos estamos refiriendo a más de medio centenar de hermanos dispersos por Baleares, Navarra, León, Guadalajara, La Rioja, Vizcaya, Toledo, Cantabria, Badajoz, etc.

Desde este momento anunciamos la iniciación de gestiones en unos casos y la continuación de las ya iniciadas, en otros, con el propósito de constituir sedes nuevas donde ello sea viable por el número y circunstancias de los interesados, o facilitarles, donde no sea posible lo anterior, la comunicación o el acceso a sedes ya constituidas. Pero tenemos que evitar  que se perpetúe una situación que priva a miembros en plenitud de derechos de participar en la vida de La Hermandad, debilitando  su entusiasmo y abocándolos al abandono.